Después de horas y horas de viaje, colectivo, tren, colectivo,
traffic, apunamiento de por medio llegamos a Santa Ana. Un lugar muy
bello enclavado entre las montañas a 3998 msnm y a 246 km de la
capital de la provincia de Jujuy
El paisaje es típico: casas construidas con ladrillos de adobe,
mujeres vestidas con la vestimenta típica ( sombreros decorados con
flores, cintas, polleras y reboso de diferentes colores), burros
pastando por las calles. El lugar es muy frio por la mañana y por la
noche. El servicio de energía eléctrica es restringido desde las 15 hs
hasta las 00hs.
Dios se nos fue manifestando a lo largo de todos los dias de misión:
el dia de nuestra llegada en el recibimiento, el abrazo y la sonrisa
de unos niños que se escaparon de la escuela para conocernos. Don
Tito, Pastora, Emi y demas personas que nos alcanzaban cada dia el
agua y los bollos para el desayuno y la comida para el almuerzo, la
casa que nos prepararon donde nos quedamos durante nuestra estadía, entre otras cosas.
«¡Cuán providente eres Señor! ¡Cómo cuidas la obra de tus manos!»
Durante las visitas a los hogares el encuentro de las personas al
principio fue un poco difícil, son personas bastante tímidas y
calladas pero que con el pasar del tiempo fueron abriéndose. Muchos de
los habitantes nos evadian al caminar por el pueblo o no nos
atendieron al visitarlos.
Encontramos un pueblo marcado por la muerte y una vida intensa y dura de trabajo en el campo:
Dante, Pamela y Lourdes trabajaron con los niños del pueblo. ¡Qué actividad mas hermosa! Terminaban cansados pero llenos de alegría y energía! Es increible la vitalidad, inocencia y el cariño que nos brindaron cada uno de estos chiquitos. La canción del «Tallarin» fue todo un hit!
En cuanto a la fe del pueblo, es grande la presencia de María
Santísima en la vida del pueblo es muy importante. Reflejo de la
religiosidad popular de nuestros pueblos. El sacerdote los visita dos
veces al año, durante su fiesta patronal y cuando el tiempo lo
permite. Tuvimos la oportunidad de conocer la gruta de Nuestra Señora
de Río Blanco y Paipaya ubicada en el abra donde se dividen los
caminos para Caspalá y Santa Ana.
También compartimos con el pueblo el Via Crucis viviente organizado en muy poco tiempo y la pelicula «La pasion de Cristo».
Tuve la gracia enorme de pasar mi cumpleaños en Caspalá otro de los
pueblos donde misionamos por dos días. Quedamos todos maravillados por el paisaje imponente: montañas enormes de diferentes colores -rojas, verdes y marrones- y el sonido del correr del rio que nos acompañaba durante todo momento. ¡Que grandes son tus obras Señor, todo los dispusiste de tal manera que te encontremos en ellas y podamos alabarte!
Fueron dos semanas maravillosas donde descubrimos el amor de nuestro Señor, que es providente y protector de sus hijos.
Confiamos al Corazón Inmaculado de María a cada una de las personas que encontramos y oramos para que el Señor envie obreros a esos lugares donde tanto necesitan de la vida de Dios transmitida en los
sacramentos.
Unidos en la oración Santa Ana, Caspalá y Fraternidad del servidor SJM.
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La fraternidad del Servidor
Caminantes en el desierto...


