Serviteurs de Jésus et de Marie

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Signo del amor de Dios

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Écrire à l'auteur Serviteurs de Jésus et de Marie 30 de marzo de 2007
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El inicio del ritual de la dedicación de una iglesia comienza por un signo de fuerte significación como la entrega de las llaves al obispo
Este gesto manifiesta que la iglesia está al servicio del pueblo de Dios, que el sucesor de los apóstoles conduce hacia el Reino de los Cielos
La dedicación es un gesto que manifiesta la comunión eclesial bajo la conducción de su pastor
Si nosotros hicimos construir esta iglesia, al precio de muchos esfuerzos, no es para guardarla para nosotros sino por el bien espiritual del pueblo confiado al obispo
No habrá ni bautismos, ni casamientos, ni velatorios como en las iglesias parroquiales



En Argentina, la realidad parroquial es bien identificada pero la vida religiosa, en cuanto tal, no es tan conocida. La iglesia Santa Maria Madre de Dios es el corazón de Casa Padre Lamy, porque ella es el corazón de nuestra vida religiosa. En cierto sentido, ella hace visible la vida religiosa en la diócesis a través de nuestro propio carisma.

El Padre Lamy quiso que sus hijos consagren largos tiempos a la alabanza de Dios. Por el canto del Oficio Divino, la celebración de la misa y la adoración eucarística recordamos a los fieles, que el religioso ha escogido consagrar todo al Señor entregándose a El por los votos para ser signo del Reino de los Cielos. Es una invitación para todos los que vendrán a orar con nosotros, de entregar o volver a dar a Jesús y a Maria el primer lugar en nuestra vida. La iglesia Santa Maria Madre de Dios, quiere ser esta casa de oración, donde cada uno podrá dejar a los pies de Maria, madre de Dios y madre nuestra, las intenciones que lleva, por si mismo y por el mundo. Tenemos el deseo de que esta Iglesia sea con el tiempo un lugar de peregrinación marial donde la fé en Maria, tan viva en este pais, pueda encontrar una nueva forma de expresión.

Es también signo que nosotros queremos echar raíces profundas en esta hermosa tierra de Argentina y en esta diócesis de Paraná que nos a recibido con tanto calor y confianza. Esta dedicación marca una etapa en la presencia de los hermanos establecidos en Paraná desde 1990, al inicio con la Obra Puntos Corazón y en 1994 con la fundación del priorato Casa Padre Lamy.

Yo tengo la convicción que parte del porvenir de la Congregación pasa por nuestra presencia en Argentina donde la comunidad podrá ofrecer a los jóvenes y a las familias posibilidades desconocidas hasta ahora en el país ( escuela de vida para jóvenes, fines de semana y sesiones para las familias, goumes… )

A mi conocimiento, en Argentina, no hay un equivalente de nuestra comunidad donde se encuentra la unión de una vida monástica y una vida apostólica. Quienes vendrán a rezar, descubrirán una manera diferente de vivir el evangelio.

En un país donde la realidad parroquial presenta signos de agotaniento, es importante de proponer otros lugares donde uno viva una vida fraternal aragaida en la oración eucaristica y marial, brillando en un dinamismo apóstolico.

Con su iglesia, la Casa tiene los medios para ser en el futuro un centro de formación espiritual por los jóvenes y las familias. Cierto, la fé es compartida por la mayoría de los Argentinos, pero la secularización avanza a pazos agigantados. Pronto no bastará más apoyarse sobre la religión popular. Habrá que formarse para dar razones de nuestra esperanza. Nosotros sabemos que la formación pasa por la enseñanza de las verdades de nuestra fé particularmente en los retiros y jornadas espirituales. Pero esta formación pasa también por la celebración litúrgica en comunidad como lugar privilegiado de crecimiento de nuestra unión a Dios y de comprensión del misterio divino. Desde ahora con la iglesia, tenemos este lugar consagrado exclusivamente a la alabanza de Dios a ejemplo de Maria.

Esta iglesia, cuyo nombre hace eco a la devoción que el Padre Lamy tenía por Maria madre de Dios, quiere ser el signo del amor de Dios. Es para manifestar que Dios nos ha amado primero, que estamos aqui. Amamos tanto esta tierra, sus rostros, su gente, este lugar y la diócesis. En su amor, Dios quiso que nuestra pequeña familia religiosa se establezca en esta tierra lejana. En su amor el generó tanta generosidad y sostén en cientos de personas presentes en la dedicación siendo asi un signo visible de su presencia. Sin ellos esta iglesia nunca hubiera existido. Por su colaboración, sus sonrisas, su afecto, ellos han sido por nosotros el signo del amor del Señor. La dedicación de una iglesia, hace eco al rito del bautismo, recordándonos que somos nosotros mismos consagrados a Dios. En fin una iglesia es mas que una iglesia, es manifestación del amor de un Dios que hace desde ya nuevas todas las cosas.

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