Serviteurs de Jésus et de Marie

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Una vida apostólica

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Écrire à l'auteur Frère Christophe-Marie 12 de abril de 2006
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Atentos a la enseñanza y a la experiencia de la Iglesia, y, al ejemplo de nuestro fundador, el padre Lamy, vivimos nuestra consagración religiosa dentro de una vida apostolica



Nuestra vida apostólica

Estamos invitados por el ejemplo de nuestro fundador y por nuestras Constituciones a prodigarnos de modo especial en la educación de la fe y en la evangelización de la juventud. Por la voz del Papa, la Iglesia nos pide renovar nuestro ardor misionero. Entre todos los areópagos de la misión, Juan Pablo II ,en primer lugar, designa la presencia de los consagrados en el mundo de la educación. El nos habla de la necesidad de un nuevo compromiso en el ámbito educativo: “esta actividad representa una de las expresiones la más significativa de la maternidad que la Iglesia ejerce hacia todos sus hijos, al ejemplo de María (…). Recomiendo vivamente a los miembros de los Institutos con vocación educativa, a ser fieles a su carisma primitivo y a sus tradiciones, concientes que el amor preferencial a los pobres se aplica especialmente en la elección de los medios propios a liberar los hombres de la forma seria de la miseria que es la falta de formación cultural y religiosa.” Haciendo nuestra esta consigna del sucesor de Pedro, queremos trabajar, en nuestro lugar en la Iglesia, al servicio de la juventud, como lo hizo nuestro fundador tanto en Troyes como en Saint-Ouen o en la Courneuve. Como él, estamos conmovidos por el desamparo espiritual de todos aquellos que son como ovejas sin pastor, de esos innumerables jóvenes a quien el rostro del Padre no fue revelado aún, que no encontraron a Cristo y que están lejos de la Iglesia.

Nuestro fundador señala las obras de la juventud como primera tarea apostólica de los Servidores de Jesús y María. Tenemos conciencia que esta opción preferencial está al servicio del bien de la Iglesia entera. Gracias a ella, trabajamos con vigor para arraigar y reforzar el reino de Cristo en las almas (cf. Concilio Vaticano II, Constitución Lumen gentium, n°44). un frère avec des jeunesEstamos convencidos que nuestra vida religiosa en nuestro Instituto es un camino de fe para aquellos que nos encuentran, que nos visitan y a quien nos dirigimos. Sabemos que podemos contar con el ejemplo, la presencia, la intercesión y la ayuda de la Virgen María, maestra de vida espiritual y educadora de nuestras almas. Ella mira a todos sus hijos con amor y muestra a los jóvenes el camino del servicio y de la entrega alegre. Queremos desarrollar toda nuestra actividad apostólica bajo su mirada para beneficiarnos de su asistencia maternal. En el contexto del crecimiento de la secularización de nuestra sociedad, se vuelve cada día más difícil un anuncio explícito y directo del Evangelio. Frente a esta situación, queremos favorecer una formación integral de la juventud para que reconozca la primacía de la vida teologal. Damos un lugar privilegiado a la predicación de la verdad revelada, promoviendo así

el conocimiento de la doctrina católica, fundamento de toda virtud cristiana”

(Padre Lamy). Llamados a vivir en comunidad, queremos testimoniar con nuestra vida fraterna, la caridad de Cristo, sabiendo que no podemos dar lo que no hemos recibido: “en esto todos reconocerán que vosotros sois mis discípulos: en el amor que os tengáis los unos a los otros” (Jn 13, 35). Como Servidores de Jesús y de María, favorecemos en nuestro apostolado el dar a conocer a Jesucristo, su persona y su enseñanza, a fin de conducir los jóvenes a vivir de su gracia. Por esta razón, el misterio eucarístico y litúrgico es el centro de nuestra vida personal y comunitaria, como lo es también de nuestra predicación. Del mismo modo, tenemos la misión de dar a conocer el lugar y el rol de la Virgen María, ejemplo insigne de fidelidad a la Palabra, de consagración a la persona y a la obra del Redentor, establecida por su Hijo “a quien le fue dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mt 28, 18), Reina inmaculada del universo. Madre de la gracia, ella nos enseña a conducir las almas hacia Jesús: “haced todo lo que os dirá” (Jn 2, 5). En cada una de nuestras casas, nos dirigimos de una manera privilegiada a los jóvenes.

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