Serviteurs de Jésus et de Marie

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Votos Hno. Diego Castañeda

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Écrire à l'auteur Frere Jean Paul 6 de diciembre de 2011
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Queridos hermanos:

Todos estamos consagrados a Dios por el bautismo y la confirmación, pero algunos elegidos por Él, han recibido la llamada a una «nueva y especial consagración», al servicio de la Iglesia que los compromete a vivir con amor apasionado la forma de vida de Cristo, con la profesión de los consejos evangélicos.



Queridos hermanos:

Todos estamos consagrados a Dios por el bautismo y la confirmación, pero algunos elegidos por Él, han recibido la llamada a una «nueva y especial consagración», al servicio de la Iglesia que los compromete a vivir con amor apasionado la forma de vida de Cristo, con la profesión de los consejos evangélicos. Hoy, nuestro querido HERMANO DIEGO IVÁN, escuchando el llamado de Jesucristo, quiere consagrarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio de la Iglesia en la Congregación de los Servidores de Jesús y de María. La consagración religiosa es un misterio entrañable del amor de Dios. Dios se da en Jesús, plenamente, al que llama. Siempre la iniciativa es de Él, primero su amor, primero Su elección. Él llama a una persona y la separa para dedicársela a Sí mismo. Al mismo tiempo, da la gracia de responder, de tal manera que la consagración se exprese, por parte del hombre, en una entrega profunda y libre. Hoy, en esta tarde, como siempre, contemplamos el amor de Dios porque todo es puro don: es una alianza de mutuo amor y fidelidad, de comunión y misión para gloria de Dios, gozo de la persona consagrada y salvación del mundo. Que importante es, en el mundo actual un testimonio profético como el de nuestro hermano, que hoy con su vida quiere reafirmar la primacía de Dios y de los bienes futuros, como se desprende del seguimiento y de la imitación de Cristo casto, pobre y obediente, totalmente entregado a la gloria del Padre y al amor de los hermanos. La vida consagrada es un signo escatológico. Hoy, ante una cultura que da absoluta primacía a la praxis sobre la contemplación, que hace alarde de un activismo deshumanizante; que se agota en la inmanencia, que vive el más cruel materialismo que ha conocido la historia de los hombres; en un mundo así, tremendamente secularizado e idólatra…ciertamente que lo que estamos viviendo esta tarde, es un verdadero signo de contradicción, nota esencial del seguidor de Cristo. Querido hermano: por tus votos, vas a manifestar tu firme decisión de dedicar con gozo toda tu vida al servicio de Dios, considerando el seguimiento de Cristo « como la única cosa necesaria » y buscando a Dios, y sólo a Él, por encima de todo. Tus votos te van a comprometer a vivir como Cristo vivió. El fue rico, pero se hizo pobre por nuestra salvación, despojándose de todo y no teniendo donde reclinar su cabeza. Amó con un corazón indiviso, universalmente y hasta el fin. Vino a hacer la voluntad del Padre que le envió, y lo hizo permanentemente, «aprendiendo la obediencia por el sufrimiento y convirtiéndose en causa de salvación para todos los que obedecen » (Hb 5, 8). Tus votos hacen tu vida sencilla y fecunda, permitiéndote seguir obsequiando a la Iglesia, personas libres y maduras, que comprenden que hay que entregarse como el grano de trigo que muere para dar frutos abundantes. Cuánto mal hace hace nuestra cultura autorreferencial, cuánto bien una vida entregada, que se olvida de sí mismo para vivir en Dios, al servicio de la iglesia. Es un martirio difícil renunciarse a sí mismo en cada instante, supone herorísmo, es el camino a la santidad, es el comienzo del cielo para siempre. Para vivir tu consagración recuerda como insistía el Padre Lamy, siguiendo las enseñanzas de San Francisco de Sales, unifica tu vida en abandonarte a la voluntad de Dios, imitando a Jesús que exclama: Padre “he aquí que Vengo para hacer Tu voluntad”, imitando a María, que unida a Su Hijo le dice al Ángel: “Fiat” “he aquí la servidora del Señor”. Este abandono será para vos, una fuente de gran paz y de fortaleza para sobrellevar las pruebas. Recuerda también, querido hermano, que tu fundador, el Padre Lamy, pone junto a los tres votos, el silencio, garantía de vida interior. Como decía hace poco el Santo Padre: en el silencio y en la soledad, el hombre, por así decirlo, se “expone” a la realidad de su desnudez, se expone a ese aparente “vacío” para experimentar en cambio la Plenitud, la presencia de Dios, de la Realidad más real que exista, y que está más allá de la dimensión sensible. En tu entrega de hoy, en expresión del Papa te arriesgas y te expones a la soledad y al silencio para no vivir de otra cosa más que de lo esencial, y precisamente viviendo de lo esencial encuentres una profunda comunión con los hermanos, con cada hombre. Que tu vida y esta casa sean siempre un lugar que nos invite a nosotros, sumergidos en el ruido, a buscar al Señor en la suave brisa del silencio. No tengamos miedo de hacer silencio fuera y dentro de nosotros, si queremos ser capaces no sólo de percibir la voz de Dios, sino también la voz de quien está a nuestro lado, la voz de los demás. Querido Hermano Diego eres servidor de Jesús y de María: «Servidor» es una palabra clave de todo el Evangelio. Cristo mismo dice: no he venido a ser servido sino a servir (cf. Mt 20, 28). Él es el Servidor de Dios, y Pablo y los Apóstoles son también «servidores»; no señores de la fe, sino servidores de vuestra alegría, dice san Pablo en la segunda carta a los Corintios (cf. 1, 24). «Servir» debe ser determinante también para ti. Y «servir» quiere decir no hacer lo que yo me propongo, lo que para mí sería más agradable; «servir» quiere decir dejarme imponer el peso del Señor, el yugo del Señor; «servir» quiere decir no buscar mis preferencias, mis prioridades, sino realmente «ponerme al servicio del otro” Servidores de Cristo en la Iglesia. Las lecturas que acabamos de escuchar son muy claras, la Palabra de Dios ilumina siempre nuestros pasos. En la primera lectura, el Señor te es muy claro: Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. , y no te inquietes en el momento de la desgracia. Únete al Señor y no te separes, de Él. Acepta siempre su voluntad, sé paciente, sé humilde… Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan a Dios, en el crisol de la humillación. Confía en Él- Él te eligió, Él te sostendrá con Su gracia. Él te eligió por una predilección de amor, pero que te ayuden las palabras de San Pablo: “Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios…: El que se gloría, que se gloríe en el Señor”. Tu vida debe ser un inmenso canto de alabanza y gratitud. Y en esta tarde escucharás en lo más profundo de su corazón la dulce voz del Maestro, tu Señor que te dice: “el que a causa de mi nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la vida eterna. Muchos de los primeros serán los últimos y muchos de los últimos serán los primeros”. Querido hijo: El inmaculado Corazón de María, será tu refugio. “cobíjate en Ella” como pequeño que nada puede hacer por sí mismo, pero al mismo tiempo, con un corazón misericordioso, manifiesta a tus hermanos el rostro de la Madre del cielo, “refugio de los pecadores”. Entra y permanece en la escuela de María para que Ella te enseñe su humildad, su sencillez y esperanza. Ante todo quiere darte su amor por Dios que es el fundamento de la vida de todo consagrado y de aquellos que quieren ser servidores de Jesús y María. Que Dios te bendiga, haga fecunda tu entrega, recompense a tus seres queridos y colme de bendiciones a tu familia religiosa. Que seas santo para la gloria de Dios y la salvación de los hombres. Que así sea

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